El día 25 celebramos el día de mi tierra, de Galicia, dedicado con toda su grandeza a conmemorar la fiesta más grande de esta bella tierra marinera y trabajadora, rica y austera, acogedora donde las haya, tierra y mar de bueyes, centollos, mejillones, lacones, nuestra ternera, los pimientos, el vino del este, del norte, del sur y del oeste. A miña terra galega, a nosa terra galega. Tierra de encuentros, de armonía, de salud y de belleza sin igual, en la que no preguntamos a nadie de donde viene ni a donde va, en donde los gallegos en perfecta armonía sentimental sabemos de donde venimos, sabemos a donde vamos y sabemos lo que queremos.
Muchas veces los políticos de nuestra tierra viven ajenos a nuestra realidad, se ofuscan en crear artificiosos problemas y realidades ajenas a todos nosotros, y muchos se obstinan en ofender a los gallegos con sus actitudes sectarias y profundamente contrarias al sentir de los gallegos en su generalidad. ¿Cómo pueden algunos siquiera proponer que somos una nación cuando no son quienes de estar en el Gobierno y representar a todos los gallegos? Si son quienes de ser partidistas, de aferrarse a lo poco que representan y tener una actitud, como la de no acudir a los actos religiosos de un día como el de nuestro Patrón, ofendiendo así el sentimiento de una inmensa mayoría de gallegos, porque le pese a quien le pese el día de Galicia se encuentra íntimamente ligado al señor Santiago y por ende a una celebración de corte religiosa, y la tradición como acervo cultural de nuestro pueblo no puede vivir ajena a la realidad de aquellos que mayoritariamente creen en el Apóstol de todos los gallegos, en el Apóstol de todos los españoles.
Galicia está más viva que nunca, Galicia es una tierra grande y con oportunidades y una de las mayores oportunidades de nuestra tierra va ligada precisamente a la poesía de un Camino que comienza en Roncesvalles y termina en la misma “ialma” del Señor Santiago, en uno de los lugares más bellos del mundo, por el que han pasado millones de personas a lo largo de la historia, incluso con penosas enfermedades, pero a las que, en ningún caso les ha salido un sarpullido por entrar en la casa del señor Santiago. ¡Viva Galicia!